Coímbra, a noite

Cuaderno de bitácora

Por Ignatius J. Batelmo

La llegada, se hizo a horas ya tardías, tras un divertido viaje en coche desde Madrid, que contó con una apreciable parada en Ciudad Rodrigo, Salamanca. Dejamos las maletas en el albergue, sorteo de las camas y a cenar. Era noviembre de 2007, una época en la que salir por la noche era nuestra mayor aspiración e inspiración.

La ciudad de Coimbra, medieval y universitaria, histórica y bella, había sido elegida como destino para nuestra primera noche en un viaje en coche que nos debería llevar por la parte central de Portugal y Extremadura. Una ciudad de leyenda, de amores imposibles, de palacios renacentistas y unos monasterios para enmarcar. Nuestra intención era disfrutar de un enclave primoroso.

Foto de saiko3p

Dimos un paseo vespertino por las empinadas calles de Coimbra, una vuelta por una universidad repleta de estudiantes ebrios y desnudos (sí, como Dios los trajo al mundo, tal cual) y saborear una cerveja en una apacible terraza, los tres expedicionarios se inmiscuyeron en un restaurante-marisquería a degustar la fuente de langostinos más inmensa jamás servida. Parecía que no se terminarían nunca. Y con trabajo, sufrimiento y mucho disfrute perecieron uno a uno entre los jugos gástricos de los tres valientes españoles. 

Continuó la singular vuelta en busca de un lugar donde saborear alguna otra cerveza y salir de marcha. El zumo de cebada fue cayendo poco a poco, hasta que encontraron una pequeña tasca donde servían mojitos a un módico precio y cervezas aún más baratas. No fue el poco gasto lo que atrajo a unos tres personajes, que también, sino la afluencia de público joven ansiando diversión a raudales. La interconexión con los habitantes del lugar, fue casi inmediata. Individuos de ambos sexos compartieron con los tres protagonistas del relato saludos, conversación, cervezas, risas y una invitación a un fiesta de sábado que debía estar concluyendo.

Estaba cercana la medianoche, pero, al llegar al lugar del evento, aquello no parecía que fuera a terminar pronto, sino más bien implosionaba en plena ebullición. Bailes, música, jóvenes de todos los países, besos por doquier, más risas, botellas vacías, vasos de múltiples dueños… una fiesta erasmus en todo su esplendor. Ante tamaña sucesión de acontecimientos festivos, Mao decidió acudir en busca de la botella de ron olvidada en el maletero del fiel y efectivo Seat Ibiza. La ingesta del líquido elemento se produjo a una velocidad endiablada, tanto por parte de los tres viajeros como las de sus nuevos amigos como Estíbaliz o Giovanni. En el ínterin, bailes y canciones coreadas con más fuerza que en un concierto de Camilo Sesto, se sucedían para gozo y placer de la multitud universitaria enfurecida. No había salto cuantitativo de edad que impidiera una álgida comunión festiva entre todos los presentes. 

Foto de Cámara Municipal de Coimbra

Acabóse la música, huyó la gente y los últimos elementos decidieron emprender camino hacia el club social-discoteca-biblioteca de Coimbra, donde se reúne asiduamente la alta sociedade  de la juventud del lugar. El camino fue espectacular, al son de cánticos populares diversos y un siempre recurrente ‘Fratelli d’Italia’ cuando algún transalpino hace acto de presencia. 

La continuación en el mencionado club social prosiguió a través del baile, el zumo de cebada excesivamente barato para las horas de la madrugada que debían correr y los peligrosos acercamientos de las féminas del lugar. El aroma ya nada sofisticado de las 3 de la mañana no pudo frenar las ganas de bailar al ritmo de Mika o Scissor Sisters. Y las ensoñaciones momentáneas con las ninfas de todos los rincones de Europa que nos acompañaban en aquella reunión social fuero simplemente eso: ensoñaciones. Ni que decir tiene que el grupo, a pesar de alguna manifiesta y alicantina oportunidad, pasó sin mojarse siquiera los labios con otra cosa que no fuera alcohol. 

La noche fue más que completa. Alegre y bulliciosa, impredecible, festiva; divertidísima. Fue un gran acierto sólo el hecho de pasar la noche en Coimbra. Una noche de sábado diferente, irrepetible y memorable.

Ya otro día volveremos para ver la ciudad. Parecía bonita.

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