Música para viajar (V): Huelva, la Luz

Por Ignatius Batelmo.

“Aliciente, ponle a la vida aliciente, que un hombre no vale ná, si no lleva en la mente algo grande pa luchar”.

(Fandango de Toronjo).

El coche será el medio más adecuado para ir conociendo a fondo todos los rincones de una de las provincias más desconocidas y, a la vez, una de las más atractivas. Y esta playlist para acompañar el viaje y que sirva de banda sonora original. Mar y montaña, monumentos y naturaleza, gastronomía y deporte.

La costa onubense encuentra su mejor puesta de largo en “la Canoa”, ese barco que atraviesa las marismas del Odiel para hacer el trayecto entre la capital de la provincia y Punta Umbría, la ciudad de los pinares y las playas gigantes, mientras el carraspeo de la voz de Paco Toronjo pone la banda sonora y se degustan unas deliciosas gambas blancas.

En Punta hay que pasear por las pocas calles de arena que quedan en el barrio de la Canaleta, entre casas de los ingleses del siglo XIX y chiringuitos junto al mar donde suelen parar cada verano Los Escarabajos a tocar las mejores versiones de The Beatles; y no hay que olvidarse de comer corvina en Miramar.

Caminar durante 15 kilómetros por una playa que no termina nunca es posible yendo desde el espigón de Punta Umbría al faro de El Rompido; se disfruta mucho más con marea baja. La guitarra del Sr. Chinarro acompasa el discurrir por un paisaje urbano que da paso a una playa virgen sólo acompañada por pinos en Los Enebrales y en la Bota.

Luego llega El Portil, con flamencos en su Laguna de agua dulce y con el comienzo de la Flecha de El Rompido, (al otro lado de la desembocadura del río Piedras) un accidente geográfico de arena con dunas móviles que siguen creciendo con el paso de los años. Si se quiere cruzar, lo ideal es dejarse llevar por el piano de Javier Perianes, ya que nos espera el paisaje es el más maravilloso de toda la Costa de la Luz: la Playa de Nueva Umbría con arena blanca, brisa de poniente, naturaleza en estado puro y más de 11 kilómetros consecutivos de playa virgen; una maravilla en la Tierra y uno de los mejores sitios del sur para el kite surf.

Si nos quedamos en la orilla más continental, el paseo transita por el Caño de la Culata hasta llegar al fantástico El Rompido, antiguo pueblo de pescadores, hoy hogar de los mejores restaurantes de la zona (La Patera, El Caribe II) y de unas puestas de sol junto al faro del siglo XIX que dejan atónito. Un gintonic, con el jazz aflamencado de Martirio de fondo, supone el mejor final para la caminata.

En Isla Cristina se pueden degustar los mejores morunos (carabineros) que habrás probado en tu vida. Además los clásicos aperitivos de Huelva están para chuparse los dedos: pones una canción de Grupo de Expertos Solynieve y ya haces cuerpo para la mojama, los chocos o las coquinas. En este afortunado enclave tuvo lugar durante varios años el South Pop Festival, el mejor ejemplo de festival de música pop aunando comodidad, playa, piscina, gastronomía, buen rollo y buenos grupos tocando: el summum de lo moderno.

Aunque otro placer casi ineludible en el entorno de este singular territorio, a medio camino entre el mar y la tierra, son las salinas y marismas que rodean el municipio. Se recomienda un paseo al atardecer mientras se escucha a Sigur Rós.

Parar en una ciudad histórica como Ayamonte es obligado antes de cruzar la frontera y perderse en las playas de la isla de Tavira como Carlos Cano, porque el Algarve portugués es la extensión natural de las maravillosas extensiones de arena de Isla Canela y Punta del Moral.

Es imprescindible zambullirse en la naturaleza de verdad, la del Parque Nacional de Doñana: jabalíes, ciervos, garzas reales, cigüeñas y varios ecosistemas conviviendo en completa armonía. Y antes de cambiar de paisaje no está de más pasar por la Basílica del Rocío (por esa aldea mitad western mitad paisaje andaluz del siglo XVII) bailar una sevillanas rocieras, montar a caballo con una gitana guapa a la grupa y tomar una copita de manzanilla.

Antes de salir de la costa, te pones un poco de Niño Miguel y buscas la parte más oriental de la provincia para pasar por la playa de Mazagón, por el puerto de Palos de la Frontera (lugar histórico del que partieron las tres carabelas con las que Colón descubrió América), por el majestuoso monasterio de la Rábida y por Moguer para pasear junto a Platero, ese burro blanco por el que Juan Ramón Jiménez ganó el Premio Nobel de Literatura.

El interior de la provincia deja detalles para que el roadtrip sea más que agradable: Niebla, con su excepcional muralla, las minas de Río Tinto con un tren minero que hace disfrutar de un paisaje sobrecogedor o de los restos marcianos de dicho río (“Marte en la Tierra” para National Geographic), los sones de Mogwai, los botos de Valverde del Camino o una parada para comer chorizo blanco o un vasito de aguardiente.

En la sierra hay castillos medievales como los Cortegana, Santa Olalla del Cala y Aracena, capital de la zona y que además cuenta con la Gruta de las Maravillas, con sus estalactitas, estalagmitas, sala de los garbanzos y sala de las lentejas; degustar el merengue de Rufino es una obligación más de la ruta para reponerse de los paseos por las cuestas.

A la cabalgata de Reyes Magos de Higuera de la Sierra, que pervivió gracias a la incansable labor de Paco Girón, no le duelen prendas al afirmar que es la más bonita que existe: los vecinos reconstruyen un belén viviente que se desplaza en carrozas mientras ellos permanecen totalmente inmóviles. Suenan los campanilleros porque es Navidad y se respira una alegría infantil que se transmite cual virus.

Los fandangos de Almonaster la Real constituyen un palo propio dentro del flamenco, una música que se te agarra y no te deja; igual que uno de los pueblos más bonitos de España. Tiene agua, olivos, encinares, higueras, zarzamoras; tiene una plaza de toros del siglo XIX, una iglesia mudéjar del siglo XV, una ermita muy coqueta, casas árabes, una calzada romana y, sobre todo, una excepcional mezquita del siglo IX que corona el pueblo, y que es una de las más antiguas de la Península Ibérica.

Mezquita-Castillo de Almonaster la Real (Nacho Suárez)

La ruta termina de la mejor manera: por la patria del mejor jamón ibérico del mundo, Jabugo, aunque se puede degustar en toda la sierra; se recomiendan especialmente el Repilado y Cortegana, donde se celebraba el mítico festival Jamón Pop (con artistas tan variopintos como Kiko Veneno, El Guincho o Triángulo de Amor Bizarro) en la explanada junto a su magnífico castillo medieval. El festival pop dejó de existir, pero en el mismo escenario continúan vigentes cada verano sus jornadas medievales.

A Huelva hay que saborearla, recorrerla, disfrutarla. Sin mirar el reloj.

Monumento a Colón, Huelva
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