El día después de las grandes epidemias (reviú)

Subíamos, subíamos

por lo idéntico

sólo que hacia cada vez menos luz

hacia pozo más hondo

Ida Vitale

Hace 15 años, cuando todavía pensaba que la música podía cambiar el mundo, escribí Raggason, una canción en clave de son cubano y dialéctica hegeliana, para la primera maqueta del grupo Canteca de Macao. En los conciertos el público la coreaba ¡se sabían la letra!

Durante el confinamiento, ya descreído de la potencia transformadora del arte, Sine QAnon, un grito a lo Bernarda Alba: “¡Silencio! ¡Silencio, he dicho! ¡A callar!”, en lo peor de la infodemia. El grupo estaba disuelto y el single ha tenido cero repercusión.

Cuando Filomena, pedí un libro El día después de las grandes epidemias, como no llegaba reclamé a la librería, llegaron 2 ejemplares, me gustó tanto que compré 2 más. Y porque quiero, como Carlos Vives “que lo sepa todo el mundo” escribo este post que leerán, si acaso, amigos y familiares.

Historia de largo alcance, “ocupaos de un problema, no de un período”, Ruiz-Domènec analiza 5 pandemias. Resumo mal y pronto:

  • 1.- Año 542, Constantinopla: apogeo de los intercambios comerciales entre oriente y occidente, las pulgas de las ratas que viajan con los mercaderes actúan como vectores de la peste. La enfermedad se extiende por el Mediterráneo hasta las Islas Británicas. El sistema sanitario imperial colapsa. Surgen dos nuevos actores: el Islam “fin de la esclavitud rural” y la nobleza europea “mayordomos de reyes holgazanes“.
  • 2.- 1347, Ruta de la seda: de nuevo las caravanas transportan valiosas mercancías y muerte, “mercado común microbiano” que alcanza hasta Noruega e Islandia. Perece un tercio de la humanidad, según la crónica. Frente a los agoreros del fin del mundo cobra impulso un nuevo espíritu humanista: el Renacimiento.
  • 3.- 1492, América: en la “búsqueda de Oriente por Occidente” se descubre un nuevo mundo. Los colonos extraen riquezas, traen verdad revelada y plagas. Francisco de Vitoria inaugura un nuevo derecho internacional “de gentes”, ya que “la verdad hace libres”, los abusos a los pueblos nativos son inadmisibles.
  • 4.- 1628, Europa: coincidiendo con la Guerra de los Treinta años y el enfriamiento global (Pequeña Edad del hielo), la peste vuelve a asolar las ciudades. Frente a las disparatadas teorías heredadas, el microscopio revela al minúsculo propagador. La sanidad se concibe como un deber de estado, se repavimentan y alcantarillan las urbes, se generalizan jabón, algodón y papel higiénico. Se abre paso una nueva utopía, científica y política: la Ilustración.
  • 5.- 1918, Kansas: primer caso de gripe no estacional en mitad de la Gran guerra. La prioridad no es detener al virus sino mantener prietas las filas y echar las culpas fuera: “gripe española”. La guerra mata a 16 millones, la enfermedad mata a 50. El mayor conocimiento científico coincide con el auge de la propaganda y el totalitarismo. Treinta años más tarde, tras una guerra aun más grande, se generaliza un compromiso entre mercado y fisco: el Estado del bienestar.

Los cinco momentos muestran que la sociedad desafiada reacciona, si bien se produce una paradoja: “se necesita un carácter optimista para iniciar las reformas pero ese mismo carácter provoca cambios que superan la capacidad de transformación de la sociedad”.

3 razones para la humildad:

  • Las pandemias son más comunes de lo que pudiera parecernos: virus y bacterias son origen y protagonistas de la vida.
  • Con toda nuestra ciencia somos incapaces siquiera de contar con precisión los muertos.
  • Pese a las lecciones de la historia, desconocemos el destino que nos espera. “La noche de la Covid-19 nos ha situado ante un mundo de senderos que se bifurcan”.

Pero “Despunta ‘el día después’ como lo hace el alba. Con esperanza.”

Y sí, la metáfora puede cambiar las cosas:

  • El Decamerón de Boccaccio y los frescos Triunfo de la muerte de Andrea Orcagna combaten la consideración de la epidemia como castigo divino y animan un sentido de la belleza como elemento clave de una vida que merece vivirse.
  • Los planificadores urbanos buscan en la pintura holandesa referentes para su plan de mejora de la vida doméstica.

El avance no es unívoco: “las tiranías de Simón Boccanegra en Génova o de Cola di Rienzi en Roma fueron recreadas con entusiasmo en los teatros de ópera del siglo XIX, al convertirse en libretos para dos famosas ópera de Verdi y de Wagner, respectivamente, pues sólo con líderes conscientes de su misión en la historia se pueden dictar las normas oportunas para salir de una tragedia semejante.”

En ocasiones el arte es atroz: el cine del III Reich, lo último de C. Tangana… (Cierto que sólo he escuchado una canción, tampoco he visto completos largometrajes de Goebbels. Me permito, en todo caso, cambiar de idea.)

Seguramente el libro exagera la monocausalidad de las nuevas configuraciones post-pandemia, pero aquí viene la cita que lo hace redondo:

“Lo que es conocido en general, precisamente porque nos resulta conocido, no es conocido. Es la manera más corriente de engañarse y de engañar a los demás presuponer que algo es conocido y conformarse con ello.”

Hegel

O, como dijo el filósofo-poeta: “Toda verdad es una curva”.

El triunfo de una idea tampoco es inmediato: necesita amigos.

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