Música para viajar en el tiempo (IV): canciones políticas

El Congreso es tan extraño. Un hombre se pone a hablar y no dice nada. Nadie le escucha… y después todo el mundo está en desacuerdo. 

Boris Marchalov, actor ruso

Por Ignatius J. Batelmo

Me pongo los cascos, escucho letras contestatarias y pienso: ¿se puede hacer un post uniendo las elecciones con algunas canciones con tinte político bajo un criterio muy personal? Me respondo: se debe, que este blog está medio moribundo y hay que darle vidilla. Estábamos en la UVI (Lopera dixit) y ahora vamos a acolapsah la Palmera.

En España se han convocado elecciones generales para el 29 de noviembre de 2026. Quizás sea un plebiscito sobre la vivienda, que ya hay mucho grupo indie que lo canta, disputar este espacio, transformar la realidad, confiar en un cambio. Para la gente joven, independizarse es un privilegio nacional.

Pero desde luego sí será una elección con líderes que continúan siendo muy parecidos a lo que ya conocíamos. Aunque estemos cansados de las frases relativas a que los políticos anteriores era mejores y los que tenemos ahora no merecen la pena, la verdad es que ocurren dos cosas: es verdad y siempre ha sido así. Llevamos siglos oyendo que antes se hacían las cosas mejor, parece que la opinión siempre encuentra lo nuevo de menor calidad y no ocurre sólo con la política: la música de antes era mejor, también la literatura o el cine o el fútbol. Todo antes era mejor; y probablemente sea cierto, pero es que el ser humano es un nostálgico de narices y sólo se acuerda de lo bueno del pasado.

El cerebro humano, cuando se pone en modo nostalgia on, se olvida rápidamente de los dictadores que hemos tenido que sufrir, de que han existido grupos como Objetivo Birmania o New Kids on the Block, de las películas de Ed Wood o de la patada de Goikoetxea a Maradona. Si nos quedamos en España, parece cierto que todo era infinitamente mejor, desde Adolfo Suárez a Julio Anguita, desde los debates sobre el estado de la nación entre Felipe González y José Mª Aznar hasta los cara a cara entre Lopera y Cuervas, desde los llenos en el concierto de los Ramones y Nacha Pop de 1980 al de Julio Iglesias en el Bernabéu de 1983.

Los tiempos han cambiado, my friend, aunque la música te parezca la de siempre y los políticos transmitan el mismo tipo de soflamas. Las canciones políticas llevan existiendo bastantes décadas, pero aquí lo vamos a reorientar hacia suelo patrio, que las elecciones son españolas.

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Hemos crecido como sociedad con las letras libertarias de cantautores norteamericanos y españoles de los años 60, de Bob Dylan a Lluís Llach, de la Creedence a Raimon. Circunloquios y elipsis para reflejar el descontento con la realidad militarizada. En mi casa no dejó nunca de sonar Paco Ibáñez versionando Georges Brassens:

En los años 70 y 80 partimos de las declaraciones de amor mundial a la paz de Imagine hacia problemas locales que llegan a expandirse gracias a la música (What’s going on, Sunday Bloody Sunday). En España la transición musical pasaba por intentar olvidar a Franco; Luis Eduardo Aute lo bordó con la ya inmortal Al Alba, pero es que hay canciones que a todos nos vienen a la mente de esa época y no sólo por haber visto Cuéntame en la tele: Libertad sin ira de Jarcha, Para la libertad de Serrat o Habla Pueblo Habla.

Ni que decir tiene que es en la década de los 90 cuando la incorrección política llega a cotas altas: en México Molotov lo elevan a himno generacional con Gimme tha Power, pero son probablemente Rage Against the Machine los que mejor representen el descontento generacional sin tapujos. Una época donde también prolifera el euskal punk, rozando una fina línea entre la reivindicación abertzale y la apología del terrorismo que no ha sido siempre bien entendida en otras latitudes. Eso sí, buenas fiestas nos hemos pasado escuchando Eskorbuto, Barricada y más adelante Soziedad Alkoholika y Piperrak.

Una pequeña licencia a modo de anécdota personal: en las fiestas de mi colegio concertado religioso de 1993 había un concurso musical, con imitaciones en playback; mis compañeros de clase en 7º EGB (13 años) decidieron hacer una versión de La Polla Records, incluso fumando un cigarrillo. Ni que decir tiene que ganaron los que hicieron la canción de Queen.

En 1994, Reincidentes sacaron su mejor disco, el más conocido, Nunca es tarde… si la dicha es buena, un álbum cuyas letras son casi todas políticas y suenan totalmente vigentes y actuales más de 30 años después: el tema de la vivienda de Okupa, el trato a nuestros mayores en Cartas desde el asilo, la salud mental en Sal de tus trincheras y En Mi Interior, el maltrato a Andalucía en El Sur o lo evidente en Nazis nunca más y la famosa Vicio; toda una referencia cultural y una declaración de principios (¡ah! y canta Robe (DEP) en Dos Colegas).

Y por su impacto social hay que destacar a los vallecanos Ska-P, que en 1996 se marcaron un disco que recoge uno de los grandes himnos del ska-punk español de la década, centrado en la defensa de la clase trabajadora y la crítica a la desigualdad social: El Vals del Obrero. Como Reincidentes, y tantos otros grupos cabezas de cartel de la fiesta del Partido Comunista y del Viña Rock (antes de que lo comprara un fondo israelí), Ska-P ha forjado una carrera en torno a la fiesta ska, la lucha político-obrera y… los porros.

Ya con el siglo XXI, el pop y el reggaetón parecen asolar el panorama musical, pero siempre hay aldeas galas que resisten al invasor. El hip hop en español empezó a alzar el vuelo con la Mala Rodríguez, Frank T, Nach o ToteKing («los políticos se han inventado otro idioma, los desechos somos las personas»).

En los últimos tiempos la disidencia política de los músicos se hace, sobre todo, a través de sus conciertos. En el caso del pop es muy difícil saber a quién votan Eva Amaral o Lourdes Hernández (Russian Red) si sólo atendemos a las letras de sus canciones e intentan ser en sus declaraciones sean ambivalentes, primero pisan un charco, luego se desdicen… que hay que vender discos y entradas a todas y todos.

La polarización de las ideas cada vez lleva a más gente a la necesidad de posicionarse con unos u otros. O eres de Amaral o eres de Russian Red. Con los que no sabías de qué lado eran, siempre viene bien algún patinazo para que estos le pongan en la casilla correspondiente; por ejemplo, Carolina Durante, ese grupo que inventó la expresión «cayetano» para referirse a los pijos, se embarraron en una polémica tuitera con el ministro de Transportes, Óscar Puente, por lo que ya están posicionados en el lado cayetano para muchos.

Uno que no deja margen a pensar sobre su ideología es Nacho Vegas, que lleva años disparando sus verdades en sus últimos discos, sobre todo con Canciones Populistas (2015), pero también con temazos como Big Crunch o su colaboración con Marcelo Criminal en El día que murió Pedro Sánchez (2023). Si vas a un concierto de Nacho Vegas, por favor, escucha toda su discografía y no esperes sólo a Michi Panero, la gente que está a tu alrededor no tiene que soportarte borracho o drogado, imbécil.

En el mundo indie el posicionamiento hacia la derecha suele ser la excepción; la música suele ser un mecanismo de lucha contra el poder establecido, tiene un elemento social constatable: el político neoliberal suele ser objeto de burlas en las letras, se ataca subrepticiamente a ciertas lideresas por su gestión pandémica, se alienta la revolución, se quieren que sufran por su sordera crónica a los problemas de los ciudadanos o se les manda a tomar… viento. [Que nadie se sorprenda al pinchar en los enlaces por encontrar adalides del indie mainstream como Supersubmarina o Arde Bogotá].

No obstante, no es en las letras (ni en los tuits) donde la reivindicación política tiene más predicamento, las entrevistas promocionales y los conciertos son el mejor mecanismo de lucha política: al reputado rapero Macklemore se le ocurrió defender a Palestina (¡vaya ocurrencia, eh! reivindicar que se pare un genocidio infame contra un pueblo devastado) en la gira de Ed Sheeran; a éste sólo se le ocurrió expulsarlo del resto de la gira lo cual conllevó terminar cantando él solo porque el resto de músicos de la gira se fue junto con Macklemore; eligieron el lado palestino, un lado que Yann Tiersen lleva muchos años reivindicando, un lado en el que debería estar todo el mundo.

Es normal que echen de menos MUCHAS canciones políticas. Estos son sólo ejemplos. Pueden dejar las suyas en comentarios.

Salgan y voten, salgan y sean felices, salgan y escuchen mucha música.

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