N. del T. “Vivement Dimanche!”

Por R. Carazo

Quien quiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante esa locura (François Truffaut).

Vincent Delerm “Fanny Ardant et moi”

Canción incluida en el álbum “Vincent Delerm” (Tôt ou Tard, 2002)

Escuchamos canto gregoriano
Ella casi no habla y yo no digo nada
Así es nuestra relación
Fanny Ardant y yo

Yo paso la velada con Sylvain
Mientras que ella mira el papel pintado
Nos mantenemos independientes
Yo y Fanny Ardant

Ella está colocada en la estantería
Entre un libro de Eric Holder,
un candelabro blanco de Ikea
y una postal de María
Ella está siempre en blanco y negro
Ella ya no dice Vivement Dimanche!*
Desde que la llevo a casi de mis padres
todos los fines de semana, Fanny Ardant

Yo no le hablo de las chicas de Jussieu 
Ella no habla mucho de Depardieu
Evitamos ese tipo de temas
Fanny Ardant y yo

Hay algo en su mirada
Que me reprocha de llegar tarde a casa
A ella le gustaría que estuviera ahí todo el rato
Evidentemente Fanny Ardant

 

*N. del T. “Vivement Dimanche!”: película francesa de 1983. En español se tradujo como “Vivamente el Domingo”. Dejemos que la explique su autor:

Hola, me llamo François Truffaut. Nací en 1932 y fallecí en 1984 a la edad de 52 años. Es curioso lo mucho que ha cambiado el mundo desde mi muerte, bueno, quizás no tanto, el cine francés sigue gozando de buena salud, Godard sigue haciendo películas, el Cahiers du Cinema sigue editándose puntualmente cada mes, Jean Louis Trintignant sigue actuando, El cine según Hitchcock (1966) es considerado aún como uno de los libros imprescindibles de la historia del cine, y sigo siendo, junto con Jean Renoir, el cineasta francés más conocido en el extranjero: eso es innegable por mucho que queráis valorar la mordiente sociológica de Chabrol, el refinamiento de Rohmer –que por cierto, ahora que estamos los dos muertos, hizo siempre la misma película–, o el radicalismo estético de Godard –aquí tengo otro por cierto, la película más famosa de Godard sigue siendo Al final de la escapada (1959), ¿quién escribió ese guión? Exacto: yo–.

He venido a hablar de mi última película, Vivement Dimanche!. La rodé en noviembre de 1982. Me decanté por la novela Vivement Dimanche! de Charles Williams –el título original es The long saturday night– porque describe una investigación llevada a cabo por una mujer, una mujer normal y corriente, una secretaria. Quedé insatisfecho con La novia vestía de negroLa mariée etait en noir–, que había adaptado en 1967 de William Irish. Me quedó muy coloreada, demasiado soleada, por ello decidí rodar Vivement Dimanche! casi enteramente de noche, bajo la lluvia y, sobre todo, en blanco y negro –lo que me trajo bastantes problemas pues en los años 80 nadie quería financiar algo que no fuera en color–. El resultado es una comedia policiaca llena de inverosimilitudes y con un tono eufórico para resaltar la comicidad. De nuevo, y como en otras de mis películas, parece que la rodé con 40 de fiebre.

vivement-dimanche

Quería conseguir lo que había logrado Hitchcock en The Lady Vanishes. Cada vez que me acercaba a esa película con la idea de desbrozarla para comprender su construcción, caía en la intriga de la historia y bajaba la guardia analítica. Así pues, mi idea es que el espectador de Vivement Dimanche! no pueda estar atento solo a la forma, a la génesis del gesto creativo, sino que, aunque quiera evitarlo, acabe cayendo en la profundidad de la historia, en su ligereza.

Pero lo verdaderamente importante de esta película, no es la película en sí, de la que por cierto quedé más que satisfecho, sino que me enamoré. Vaya si me enamoré. ¿De quién? De la actriz principal. De Fanny Ardant. Y lo hice como espectador detrás de la cámara al igual que lo hicieron los espectadores de delante de la pantalla.

Así que me enamoré profundamente, y como hasta ese momento siempre había transmitido en mis películas una visión trágica del amor, me dije que había llegado la hora de cambiar el tono. La ocasión lo merecía. Así que en el último plano –no deja de ser irónico que acabara resultando el último plano de mi filmografía– la pareja se casa y un fotógrafo les hace una foto. Pero luego me dije que no iba a ir tan lejos por lo que impedí que la foto se tomara: el filtro del objetivo se cae, y unos niños se divierten jugando pasándoselo a patada limpia como si fuera una pelota.

Pero como la realidad siempre es más dura que la ficción, esta quiso reírse de mí por no haber abrazado la posibilidad de inmortalizar ese amor. En el verano de 1983 –momento en el que se estrena la película en los cines de toda Francia– Fanny Ardant estaba embarazada y alquilamos una casa en Honfleur (Normandía) para que ella descansara y yo trabajara en mis futuras películas, pero sufrí un ataque violento que me llevaría directo a urgencias. El pronóstico no era muy halagüeño: tumor cerebral. En septiembre nació Josephine. La miré con los ojos de quien sabe que no va a resistir mucho más, con los ojos del enfermo terminal. Morí poco después. La sola existencia de Josephine me impide descansar en paz. Me gusta ver qué hace y deshace. Me gusta imaginar qué películas me hubiera inspirado. Me gusta verla crecer.

No contaré más. Pues mas allá solo quedan cosas que nadie sabe y no quiero que esto parezca una sesión de espiritismo y pierda su sentido objetivo que no es otro que veáis mi última película: Vivement Dimanche!. Además no hay que lamentarse, yo mismo escribí este diálogo en la propia película: “Cuando se muere por enfermedad, suena cruel e injusto…pero es realmente la muerte. Pero cuando se es víctima de un asesinato… la muerte se hace abstracta. Como si la solución del misterio fuese lo prioritario.”

Por todo lo dicho, no puedo más que agradecer a Vincent Delerm que haya decidido hablar en su primera canción de su primer disco de la última película de mi carrera. Y sobre todo de Fanny Ardant. Y además, lo hace con humor, estilo y elegancia. Tiene buen gusto el chaval y, sobre todo, tiene mucha clase. Tanta o más que su padre, el escritor Philippe Delerm.

Pd.- Solo un último por cierto: un día hace un par de años, siguiendo a mi querida hija, entré en una sala de cine con ella, ponían Boyhood de Richard Linklater. Me encantó. Tanto el concepto como la ejecución. Pero vaya, que lo de seguir a una mismo personaje a lo largo de los años ya se me había ocurrido a mi con Antoine Doinel al que vemos crecer y evolucionar –bueno, quizás solo crecer– en: Los 400 golpes (1959), Antoine et Colette (1962), Besos Robados (1959), Domicilio Conyugal (1970) y El amor en fuga (1979).

 * La traducción de la canción de Vincent Delerm ha sido realizada por R. Carazo

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