Música para viajar (II): El mejor roadtrip del planeta

Por Ignatius Batelmo.

Obsérvenle desafiante
caminando hacia delante
colt caliente y humeante
nadie capaz de pararle

(Pablito, “La Palisa”).

Mi primer gran viaje en coche tenía que ser por Estados Unidos, la patria del roadtrip. El más conocido es el que transcurre a lo largo de la Ruta 66, pero yo solo la cogí de casualidad y se volvió en una ruta irrepetible. En el trayecto había una máxima: el coche que os impulse por las interminables praderas norteamericanas debe tener una banda sonora que os catapulte, como a Jack Kerouac, En el camino.

usaHay que asumirlo: vuestra conversación no da para aguantar con un mínimo de chispa las 6 ó 7 horas que podéis llegar a pasar al volante en algunas jornadas. Vais a necesitar de una buena cantidad de canciones para que los tramos entre parques nacionales se os hagan amenos. Con esta lista de reproducción, Fake Empire, os propongo una ruta por parajes increíbles y urbes de distinto pelaje, en un recorrido sonoro (y anecdótico).

Comenzáis en Jackson, Wyoming, un lugar entre montañas, que parece sacado de una película del Oeste (Brokeback Mountain), puerta de entrada a Yellowstone National Park y Grand Teton dos enclaves inabarcables en paisajes y vida animal. El folk tranquilo de Sun Kil Moon, Bon Iver o Fleet Foxes os pueden allanar el camino, sobre todo tras ese desayuno implacable de huevos benedictinos en el idílico Café Genevieve. Al circular por estas espectaculares carreteras en las que desearéis parar a hacer fotos cada 500 metros, recordad que se os van a cruzar ciervos y que son muy grandes. No es ninguna casualidad. Pasa siempre. Es posible que también un alce (menos frecuente) y un oso grizzli se acerquen a la calzada. No son Yogui y Bubu, hay que tener cuidado. Lo único seguro es que pase junto a los coches una manada de bisontes deambulando tranquilamente. Es mejor quedarse dentro del vehículo.

Y para redondear la experiencia el parque de Yellowstone está repleto de géiseres y aguas termales.

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Desde Wyoming hacia el sur os queda una maratoniana jornada siguiendo el ritmo que marquen Woods, M. Ward, Bowerbirds o The Decemberists, junto al río Spider, cruzando brevemente por Idaho e intentando no parar en Salt Lake City; sólo en el caso de que sintáis una adoración fetichista por la vestimenta de los mormones deberíais hacer un receso. Sí, The Killers, son de aquí, minipunto para el equipo mormón.

Utah es el Estado con mayor número de parques nacionales, y obviando su aburrida capital, es el más espectacular de todos. Comenzáis la ruta por Moab y los cercanos Canyonlands y Arches. En esta parte del camino parece que Ennio Morricone no se inspirara en Almería sino en la piedra rojiza con formas geológicas impredecibles que te rodea. Con esta nueva lista os sentiréis como Clint Eastwood, en una película del Oeste, una evocación continua del paisaje.

Tras una mañana de caminatas por sitios realmente alucinantes, lo ideal es reposar en los salones del mádesertv solitaires puro western de Moab, como Woody’s Tavern, donde además de buenas hamburguesas se puede disfrutar de música en directo, del estilo de Johnny Cash, o Crosby, Still & Nash. Otro buen plan sería pasaros por la magnífica librería Back of Beyond donde podéis haceros con un ejemplar de “A desert solitaire” de Edward Abbey, una extraordinaria descripción de la aislada experiencia del autor en el parque de Arches.

En el estado de Utah, es conveniente parar en Kanab buen centro de operaciones desde el que se puede llegar tanto a Monument Valley (ya en Arizona) como a Grand Canyon (entre Arizona, Nevada y Utah), para después llegar hasta Antelope Canyon, Bryce Canyon o Zion National Park. Además de las bandas sonoras del oeste , la música de Eddie Vedder, Joseph Arthur o Family of the Year son buena compañía para ir de uno a otro sitio. Me quedaría corto en una descripción de tanta majestuosidad geológica. Mirad las fotos e id buscando los vuelos (incluso antes de terminar el post).

No os dejará de sorprender ver coches del sheriff aparcados varios días en el mismo sitio con el susodicho haciendo guardia para vigilar a los potenciales cacos. Aunque tampoco está de más fijarse un poco y descubrir que realmente el conductor es un maniquí con su placa y su sombrero de cowboy. Desde Kanab es obligatorio acercarse al espacio más renombrado y espectacular del país: el Grand Canyon. En este pueblecito, además, se puede degustar una de las mejores hamburguesas de la zona, concretamente en Houston’s Trail Restaurant.

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Por el camino entre los estados de Arizona y Nevada podéis ambientaros con los clásicos The Doors, Creedence Clearwater Revival o Steve Millar Band. Es menester pasar una o dos noches en Las Vegas para salir o simplemente combatir el desierto con aire acondicionado y mucha fiesta. La ciudad del pecado, del desfase, de la juerga non stop…todos los tópicos de las películas se hacen realidad en un lugar hortera pero necesario para el que quiera pasarlo bien un rato, ya sea mirando los exagerados hoteles, jugando en el casino, saltando en un concierto, bebiendo en una fiesta privada o dejándose engatusar en una discoteca. Jarana y desenfreno. Miles de posibilidades para el que tenga ganas de farra.

De camino a California se hace plausible atravesar Death Valley. El calor seco en verano y las circunstancias extremas de desierto en todo el recorrido, son casi terroríficos. Las canciones de Nirvana, R.E.M. y Sufjan Stevens pueden serviros de alivio, porque cuando pongáis un pie en el suelo, sobre el antiguo mar de sal a 80 metros por debajo del nivel del mar, sentiréis vuestras cejas arder del sofocante calor. Que no os extrañe, cuando paréis en un oasis de palmeras que parece sacado del Sáhara, ver a los pájaros con el pico completamente abierto intentando respirar.

El viaje desde Death Valley hacia la parte más verde de la Sierra Nevada californiana se os puede hacer largo, por lo que conviene hacer una parada. Un consejo: evitad Bakersfield. Estratégicamente está bien situada, pero pasé más miedo que en un paseo por las Tres Mil Viviendas de Sevilla; sucesivos delincuentes motorizados (todoterreno, motocicleta e incluso silla de ruedas eléctrica a 60-70 km/h) me hicieron una envolvente y la situación se puso más que tensa.

Mientras suenan por los altavoces de tu coche Red Hot Chili Peppers, Counting Crows o Phosphorescent debéis dirigiros a admirar la inimaginable dimensión de las antiquísimas secuoyas de los parques de Sequoia y Yosemite IMG_1822(o incluso podemos dejarlas para los Muir Woods, cerca de San Francisco).

Pero California no será completa sin la playa; sin The Beach Boys o The Mama’s & the Papa’s; sin las tablas de surf, los cuerpos bronceados, las gafas de sol, la ausencia de preocupaciones. Quizás sea tarde ya para daros cuenta de que hubierais sido más felices recorriendo esta parte de la ruta con un descapotable. Subid el volumen, bajad las ventanillas y dejaos acariciar por la brisa del Pacífico. California es tan grande como España, pero tenéis muchos kilómetros de costa para elegir, siendo recomendables Santa Mónica, Malibú, Venice Beach (las tres en Los Ángeles) o más al norte Santa Cruz y el Big Sur. Estáis radiantes y Weezer, Bishop Allen y The Magic Numbers pueden haceros aun más dichosos. Habéis venido a gozar.

En cualquier caso, tened en cuenta una regla de oro básica en territorio yanqui: cuando suena una sirena (ambulancia, policía, bomberos) debéis parar el coche a la derecha. Parar. No vale con ir despacito y esperar a que te pase para ponerte a rueda y saltarte el atasco, Hay que detener el vehículo. Todos lo hacen y durante unos segundos parecerá que estás dentro de un capítulo de The Walking Dead. El cuartelillo no es una experiencia recomendable. Dejad que suenen Beach House o Foxygen y relajáos.

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Por supuesto, terminad el viaje en San Francisco, que siempre es maravilloso. Es una ciudad que tiene arte, cultura, fiesta, vistas que impresionan desde Sausalito, Twin Peaks, Alcatraz, Lombard Street o Alamo Square. Hay sushi, música a raudales, moda, buenos restaurantes y está rodeada por la cima tecnológica mundial (Silicon Valley).

Circular por las carreteras de Estados Unidos con buena música puede convertirse en una obsesión para intentar repetirlo en otros lugares. Tened cuidado, no tengáis altas expectativas porque la comodidad conduciendo, las facilidades para aparcar y la grandilocuencia del paisaje serán difícilmente repetibles. Subid el volumen y disfrutad.

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