Los enemigos del comercio (Vol. II)

Anacoreta Bloguerer / Antonio Escohotado / cualquier otro

(Continuación de la Primera parte)

“It doesn’t matter how beautiful your theory is, it doesn’t matter how smart you are. If it doesn’t agree with experiment, it’s wrong. “

(Rychard Feynman)

En estos tiempos que corren, Antonio Escohotado ha empleado 20 años (VEINTE) en escribir su trilogía sobre el anti-comercio. Se entiende mejor esta exagerada cifra si se tiene en cuenta que, no solo ha debido documentarse en profundidad sobre una pléyade de acontecimientos y doctrinas sino, tanto más importante, ha debido recorrer la ardua travesía mental de aceptar que estaba equivocado.

El hippie que marchó a Ibiza “a demostrar que se podía vivir de lo que otros tiraban”, tras contrastar sus principios con los hechos, opta por lo más difícil: cambiar aquellos, en vez de su interpretación sobre estos. “La pureza de principios no exime de demostrarse.”

Distinto de su venerado Hegel* quien afirmó: Estos son los hechos. Y si los hechos no coinciden con la razón, tanto peor para los hechos”. Asumo que esta idea guarda un sentido más profundo, pero sirva la rotundidad de la frase para ilustrar el pulso entre teoría y realidad, y punto.

Frente a los 2.500 años que abarcaba el primer volumen, en este segundo libro se analiza un período mucho más breve (“el reto de una realidad crecientemente densa”): los dos siglos y pico comprendidos entre las revoluciones francesa y rusa. Si bien se demora 300 páginas (¡en estos tiempos que corren!) en retomar la secuencia histórica, empezando por el principio: Adán y Eva, e incluso remontándose al Código de Hammurabi.

Como en el primer volumen, se permite audaces síntesis de larguísimos períodos de tiempo: “el primer hecho significativo en materia laboral parece haber ocurrido el 14 de noviembre de 1152 a. C.”, que conjuga con entretenidas reflexiones, ajenas o personalísimas:

  • las 2 conclusiones complementarias del Ensayo sobre aplicación del análisis a la probabilidad de decisiones mayoritarias, de Condorcet: “la primera, “también llamada teorema de los jurados, establece que aumentar el número de decisores, reduce el margen de decisión incorrecta; la segunda, conocida como paradoja de Condorcet, descarta esa ventaja de electores crecientes cuando en vez de dos quepan tres o más veredictos.”
  • o un apunte sobre sociología de las aves: “Los etólogos descubrirán que gallineros y palomares practican la llamada jerarquía del picotazo, en la cual cierto individuo pica a todos sus compañeros sin sufrir lo propio, otro es picado por todo el resto sin rechistar, y el resto se gradúa desde el segundo líder al penúltimo paria.”

Entre el torrente de autores, destaca, precisamente, el “discípulo más célebre” de Hegel: Marx, del que todos hablan en su 200º cumpleaños:

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Humans of late capitalism

Hasta llegar a él, Escohotado repasa varias personalidades progresistas, en más o en menos revolucionarias:

  • Paine: “anticipa el Estado del Bienestar”.
  • Blanqui: “capaz de sobrevivir a dos penas de muerte y 37 años de reclusión -de ahí su sobrenombre El Cautivo-, por creer en la insurrección armada como único camino eficaz hacia la igualdad material”, acuña el concepto de “dictadura proletaria”.
  • Blanc: “atípico por pacífico […] su comunismo es el primer ejemplo de una iniciativa racionalista tan segura de sí como de alguna verdad religiosamente revelada.”
  • Owen: “gerente y condueño de la mayor fábrica del mundo -New Lanark- […] su aventura norteamericana -Nueva Armonía- podrá arruinarle pero no cambiar ni una coma de su programa.”
  • Saint-Simon: “uno de los genios más intrépidos de todos los tiempos […] entre el asalto a la Bastilla y la rendición de Waterloo […] va pasando mientras tanto por la cárcel, la opulencia, el psiquiátrico y la miseria.” “A diferencia del comunismo que procede de modo tan autoritario como todos los modelos de sociedad perfecta, el socialismo de Saint-Simon “es en cierto modo esencialmente anarquista” (Durkheim)”
  • Fourier: “elevó el género utópico a su forma “más elaborada, convincente e ingeniosa” (Kirkup) “el falansterio es un tipo de colonia autogobernado democráticamente que acabará cubriendo todo el planeta […] una lengua cuadrada e instalaciones realmente cómodas y bellas, donde 1.620 personas puedan “satisfacer plenamente sus gustos y al tiempo asegurar un florecimiento de la abundancia” […] cuanto más arbitrario e irreal resulta un proyecto más se apoya en prolijidades circunstanciales.”
  • Place: “centró su energía en “mejorar el clima económico”, un asunto cuyo requisito era aprender a introducir en el Parlamento diputados demócratas como Bentham y Hume, y lograr que apenas tres escaños pudiesen influir decisivamente en sus decisiones, añadiendo la técnica de bombardear a la Cámara Baja con cartas del público e influir en sus comités mediante informes. Gracias a ello se aprobará la Combination Act de 1824, que reconoce la negociación colectiva”. Fue también “determinante en la ampliación del censo electoral.”

Pero es Marx el más citado y solo a él dedica explícitamente varios capítulos. De Marx que, como él, fue teórico y activista (fundador del mítico local Amnesia -Antonio Escohotado, no Karl Marx-), recopila estremecedores detalles 1) bio, y 2) biblio, gráficos:

1) repasa sus incongruencias personales: casado con una aristócrata, “ocho años después se produciría el misterioso embarazo de su aya”. “Todos sus biógrafos subrayan su prodigalidad […], tanto en París, como en Bruselas o en Londres alquila residencias por encima de sus posibilidades, quiere amueblarlas de modo cómodo y espera ofrecer fiestas para que sus hijas se pongan de largo.” Dilapidó la fortuna de su padre, la dote de su esposa y los generosos préstamos de sus amigos, absteniéndose, ya en la indigencia, de trabajo remunerado incluso cuando su hijo Edgar enfermó y murió con tan solo 6 años “empeñados los zapatos y el abrigo, como su padre”.

2) analiza su estilo sardónico y brutal: “genio satírico de proporciones colosales”, llama “pigmeo” a Bastiat, “filisteo” a Proudhon, “Mahoma sin Corán” a Bakunin, descarta pasajes de Stuart Mill como “monserga ajena por completo a cualquier búsqueda científica de la verdad” y son frecuentes los epítetos “perro” o “asno”. “Las adversidades se proyectan en forma de individuos metafísicos”: “Monsieur Le Capital”. Profiere exabruptos como “La burguesía se acordará de mis carbúnculos hasta el día de su muerte”, o “No tenemos compasión ni la pedimos. Cuando nos llegue la vez no habrá excusas que valgan para el terror revolucionario.”

Con todo, existe una gran diferencia entre el joven Marx, y el Marx maduro, más profundo tras el “extraordinario esfuerzo de documentación y análisis, cumplido durante los primeros quince años de estancia en Londres”.

Incluso una autoridad como Schumpetter (según mis cuentas, el segundo autor más citado en los 3 libros, después de Hegel), totalmente distanciado de las tesis marxistas, reconoce un valor al padre del materialismo histórico: “el primer economista de rango superior que vio y enseñó sistemáticamente cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la narrativa histórica puede convertirse en histoire raisonnée.”

Debe tenerse en cuenta que buena parte de su producción literaria quedó en gran medida inacabada, llegando hasta nosotros únicamente reediciones corregidas por otros autores, principalmente su buen amigo Engels “con una capacidad para escribir de manera simplemente legible, de la cual Marx careció casi siempre.”

Por ejemplo, Marx expresamente abandona “a la crítica roedora de los ratones” La ideología alemana que, sostiene César Rendueles: “a menudo se cita como la exposición más cabal del materialismo histórico” (por todos, Fernando Savater) cuando, “la versión que conocemos es el resultado de un trabajo de reconstrucción bastante creativo, por parte de los editores desde que el manuscrito se dio a conocer por primera vez en 1926.”

Existe una importante diferencia entre “marxista” (que sigue a Marx) y “marxiano” (del propio Marx). “No soy marxista”, llegó a afirmar el propio Marx, desdeñando ciertas lecturas de sus teorías.

A mi juicio, y quizás por todo lo anterior, la principal crítica de Escohotado no se dirige tanto contra su legado: “nunca se mató y persiguió tanto como en su nombre; aunque pocos contribuyeron tanto -y sin quererlo- al desarrollo de la democracia liberal como antídoto.”, como contra el “rol mesiánico, cuyo carácter […] incluye por norma idea fija.”

Sobre su obra cumbre, El Capital, Biblia del proletariado”, “trabajo de investigación aparejado a confirmar que la pauta del progreso histórico gira sobre la lucha de clases”, Escohotado nos cuenta que: “Marx se lanza a demostrar que todo beneficio es estafa con ayuda de una aparato algebraico basado en calcular el valor por tiempo de trabajo, “ley eterna del valor” y abandonó su plan expositivo original […] coincidiendo con el momento en el que hasta entonces indiscutido principio del valor/trabajo topó con el de la utilidad marginal.” “…se detuvo bruscamente cuando sus manuscritos contenían de hecho la totalidad de los cuatro volúmenes previstos y solo faltaba precisar como la plusvalía se reconvierte en tasa de beneficio […] Engels hubo de completar esa omisión recurriendo a escritos previos, quizá porque irrupción del marginalismo dinamitaba el puente entre valor de cambio y trabajo social medido por unidad de tiempo.” (Antes: “Si los precios dependiesen realmente del labour time, una paloma de las dibujadas en dos segundos por Picasso valdría miles de veces menos que pintar la caseta del perro”).

Sospecho que lo que el autor menos tolera de Marx es su absolutismo ideológico, “absoluto es a lo que perdonamos demostrarse”, precisamente porque él sí ha practicado el doloroso ejercicio de cambiar de idea cuando así se lo ha exigido la honestidad intelectual de atender a los hechos (aun siendo capaz de ingresar impenitentemente en la cárcel).

En cualquier caso, el libro no se agota en Marx. Se adentra en las particulares derivadas del socialismo en medio mundo: pactismo inglés, revolución francesa y Comuna de París, comunismo libertario ibérico, sindicalismo norteamericano, revisionismo alemán, y precursores del espíritu bolchevique en Rusia.

Por resumir, en estos tiempos que corren, quedémonos con esta sentencia: “La historia de estos dos siglos es la de la industrialización y la racionalidad crecientes.” No sin resistencias, por supuesto. Contra la razón siempre hay nuevos aspirantes a erigirse en dogma:

– la Utilidad: como “exasperación del sentido común”,se transforma en credo utilitarista.”

– la Libertad: que Robespierre convierte “por decreto en diosa del panteón laico e icono oficialmente venerado.”

Curioso ejemplo de esta inercia es Newton (el destacado es mío).

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Cuñao, lo has cogío?

Del mismísimo Sir Isaac Newton, epítome de la inteligencia, rescata Escohotado esta alucinante cita: “las órbitas de los planetas y sus lunas habrían perdido regularidad, entrando en colisiones o fugándose por la tangente, si el Todopoderoso no hiciese ocasionales obsequios de orden al sistema solar.”

Para ir acabando, quiero comparar un aserto de este libro, con un fragmento de El Capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, considerado por muchos la obra con más influencia en la política económica reciente:

“Hacia 1850 la mayoría de los grandes industriales empezaron barriendo el suelo de algún taller”.

“La significativa compresión de la desigualdad por ingresos en el transcurso del siglo XX, se debió a los disminuidos ingresos superiores del capital […] fue el caos de la guerra (1914-1945), y sus subsiguientes shocks económicos y políticos los que redujeron la desigualdad en el siglo XX. No hubo una evolución gradual, consensuada, y libre de conflicto, hacia una menor desigualdad. En el siglo XX fue la guerra, y no una armoniosa racionalidad democrática o económica, la que borró el pasado […] hemos ido de una sociedad de rentistas, a una de gerentes […] individuos altamente remunerados que viven de los ingresos del trabajo. […] Es importante, en todo caso tener, claro que esta importante disrupción se debió enteramente al descenso de los altos ingresos del capital”.

No quiero decir que haya una contradicción insalvable entre estas citas. Sí que una obra tan rica como la de Antonio Escohotado, solo puede ser contestada con estudios equivalentemente documentados. Piketty también ha dedicado varios años a recopilar una ingente cantidad de datos, si bien ha contado con la ayuda de un nutrido grupo de expertos en estadística y carece del mérito de haberse apeado de ningún burro. A su vez, su estudio ha suscitado interesantes reacciones: Debatiendo con Pikety, donde el francés responde en el último capítulo a las cuestiones planteadas por académicos de múltiples disciplinas, situados a ambos lados del espectro ideológico.

En cambio, dudo sinceramente: ¿hay incongruencia entre estas frases?, todas incluidas en el segundo volumen:

-“La práctica precede largamente a la ciencia”; “La práctica precede siempre a la teoría”; “La historia muestra que lo inconsciente precede a lo consciente”.

-“La teoría se ha convertido al fin en praxis revolucionaria.”

¿O, de nuevo, guardan un más profundo significado? Supongo que sí aunque, con franqueza, ignoro cuál sea. Sería un honor que el maestro, o su Community Manager, tuvieran a bien ilustrarme.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

(“Y ahora viene la tercera, que es la más interesante.”)

 

*Al pedirle Pablo Iglesias que escoja una única obra filosófica, sin apenas dudar responde: La fenomenología del espíritu. Volveremos a esa particular entrevista cuando analicemos, sucintamente en estos tiempos que corren, la última entrega de la trilogía. ¡No se lo pierdan!

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