Mentiras de Ibiza (I): El origen de su deriva

Por Nocmody.

El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer (Mariano José de Larra).

No consigo mentir, por mucho que lo intente. Deseo hacerlo, pero no puedo evitar que mis palabras se dirijan inexplicablemente a sostener cierto grado de veracidad. La mentira, sin réplicas ni dilemas morales, está llena de falacias cuyos confusos semblantes son sucesivos intentos de convencer a quien está dispuesto a dejarse. Y siempre hay alguien para todo.

Después de muchos años sin asomarme por allí, he tenido el privilegio de escuchar algunas de estas mentiras durante mis vacaciones en la isla de Ibiza. Historias que me han sorprendido por su aspecto más personal. Que sean o no algo verdaderas lo dejo a juicio del lector.

Mi primera lectura, nada más pisar aquella isla, me ha dejado mudo. Una revista sobre misterios de Ibiza, llamada TANIT, llegó a mis manos en un momento de auto-reflexión. Afirmaba en un artículo que existen remotos indicios sobre la existencia de una pirámide egipcia que ha quedado lapidada por la erosión del terreno, según afirmaba el testimonio de Will Faber, famoso pintor impresionista y amigo de Adolf Schulten, el arqueólogo alemán que descubrió las ruinas de la célebre Numancia, destruida en el año 133 antes de Cristo por los romanos. Su investigación cesó por las grandes guerras del siglo XX y posteriormente por su muerte. Los estudios documentados se han perdido en el tiempo y no existe hoy en día nadie con voluntad para sustentar financieramente una investigación que pudiera corroborar esa teoría. No es algo disparatado si pensamos que han existido hallazgos de figuras arqueológicas similares en enigmáticas civilizaciones de la longeva historia del Mare Nostrum.

Esta curiosidad no deja de ser anecdótica porque mi intención no es otra que compartir con el lector “mentirosas historias humanas sobre la isla Pitiusa y de paso aportar alguna interesante recomendación.

En primer lugar, y como por casualidad, me encontré con una excelente recomendación: un documental muy interesante titulado “el arquitecto de la noche“, donde se destapa el lado más personal de Ricardo Urgell, el dueño de Pachá (con mucha probabilidad, la cadena de locales nocturnos más conocida del mundo). El empresario, de 78 años, cuenta la historia de la isla desde sus comienzos y relata como decidió abrir  en 1973 su primer local en Ibiza (el primero fue en Sitges en 1967), en una época en que la isla se jactaba de haberse convertido en un paraíso hippy al que el resto del mundo ignoraba. Allí solo vivían payeses, en su mayoría pescadores o agricultores y no había nada interesante. Cuando aquel visionario tuvo la idea de abrir Pachá en un campo perdido y lejano sin conexiones por carretera, nadie le auguró un verano, ¡y ya van 43!

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Pachá Ibiza en 1973

Él lo tuvo claro. En aquel momento la isla blanca se convertía en un paraíso del amor libre destinado sólo a un grupo de niños ricos cuyos padres enviaban fuera de los E.E.U.U. para evitar que fueran a la guerra de Vietnam. Estos niños de mamá, ricos e intelectuales, iniciaron en los 60 un movimiento internacional revolucionario que se originó en la Universidad de Berkeley y desembocó en un movimiento hippy diseminándose por diversos puntos del planeta (Goa, Katmandú, San Francisco…). Con el tiempo, el mundo comenzó a escuchar que en aquella isla desierta e inhabitada se podía vivir y presenciar bacanales dirigidas por grupos de greñudos empelotados y drogados que, sin saberlo, se convirtieron en una imponente atracción de masas.  Famosos y millonarios se acercaban a saborear la libertad que les otorgaba aquel paraíso terrenal, sin normas ni censuras, sin clichés sociales. Es en ese momento, cuando Urgell se dio cuenta de que la discoteca, diseñada en un principio para que los clientes montaran su circo libremente, servía de teatro de marionetas al que la gente acudía para ver un espectáculo y participar en él. Eso fue una mina de oro.

Sin embargo, con el tiempo los grandes magnates comenzaron a crear un imperio oligárquico enfocado en el marketing turístico nocturno, adueñándose de los locales, hoteles y negocios colaterales que envolvía la escena musical. Lo que no sabían es que otros protagonistas aún más poderosos surgirían en el mercado: los dueños de la música electrónica, cuyos sellos discográficos y publicidad de marca atraían y atraen a millones de fieles, convirtiendo las salas de fiesta en templos de culto.

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Danny Tenaglia y MIchael Jackson en una foto tomada en Studio 54, y que fue usada para publicitar una sesión tributo al Rey del Pop en Pachá en 2009.

Entre sus reflexiones más personales, Ricardo Urgell describe sin tapujos su decepción con el rumbo que ha tomado su isla. Escasas mejoras en infraestructuras, una logística que no puede cubrir la excesiva demanda de servicios, y una cultura electrónica que ha perdido la esencia que a él tanto le costó crear, enfocada en el consumo de drogas y en la distopía (con premiso de mi querido colega McLovin) de una escena musical enfocada en el marketing comercial, más que en la calidad artística. A esto se suman las numerosas mafias internacionales que desde hace años se encuentran instaladas en las Islas Pitiusas para explotar con total impunidad el negocio de las drogas, el sexo y las armas. Hablamos de cifras estratosféricas y si hay un lugar en el mundo para el lujo, ese es Ibiza.

Estoy absolutamente de acuerdo con el giro al infierno que ha dado esa parte rebelde de la isla, y parece que no va hay vuelta atrás, como le ocurrió a Sean Penn en el peliculón de Oliver Stone. Hace poco leí que el grupo Pachá está en venta por 350 millones de euros. Urgell, harto de todo eso, tira la toalla en favor del grupo Matutes. Sus hijos no quieren continuar el negocio y ahora el grupo se dedicará a negocios hoteleros, entre otras cosas. Podría decirse que, con un solo dios al mando y con el ADN del “tío Gilito”, la isla se viene abajo.

Aunque puede que haya esperanza. Ibiza, en su esencia, guarda parte de su luz espiritual. Aquella por la que otros muchos turistas aclaman. Su puesta en valor subyace en el yang de este paraje misterioso, un mar que también se puede disfrutar en calma, o al menos, fuera de los convencionalismos.

CONTINÚA en Mentiras de Ibiza (II): Sus virtudes – http://wp.me/p7ipGv-LC

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