¿Dónde estoy?

Por Anacoreta Bloguerer

-Leonard: Tengo que hablar contigo, creo que es importante aclarar algunas cosas.

 -Doctor: ¿Qué hay que aclarar?

 -Leonard: Cosas que me han ocurrido, cosas que he llegado a entender, cosas, cosas…Tenemos que decírselo a todos, tenemos que recordarles lo maravilloso que es.

 -Doctor: ¿Y qué es lo maravilloso?

 -Leonard: (coge el periódico y se lo muestra) Malas noticias, todas malas. La gente se ha olvidado de lo que es la Vida, ha olvidado el milagro de estar vivo, necesitan que se lo digan. Necesitan que alguien les diga lo que tienen y lo que pueden perder. Necesitan que le hablen de la alegría de vivir. El don de la vida. 

(Despertares, 1990)

Rara vez, pero alguna vez, ocurre que topas con un libro que te vuela la peluca. Leerlo no es suficiente, quisieras aprenderlo de memoria. Y sientes la necesidad imperiosa de incluirlo en el currículo de la enseñanza obligatoria. 

Me ha pasado con “¿Donde estoy?” de Bruno Latour, del que vengo a hablarles, sabiendo que cualquier resumen es una poda injusta de una obra redonda, pero con la ilusión urgente de Robert De Niro en la mencionada escena. 

Rafa Carazo ya citó al mismo autor en este blog, en una entrada magnífica sobre la película No mires arriba, con referencia, que no sé mejorar, a la canción de Nacho Vegas: “No me voy a Marte”.  

«¡Terrestres de todos los países, uníos! Tenéis los mismos enemigos, los que quieren huir a otro planeta.»

Latour es célebre por su crítica al cientificismo (obituario), pero no me voy a tirar el pisto de haber leído nada más suyo (no quisiera perder este delicioso sabor de boca).

Parte del mito kafkiano de Gregor Samsa (epítome de la bajona según Kurt Vonnegut:)

desarrollando la idea de que los humanos somos termitas, indistinguibles de nuestro entorno: 

“En la ciudad, como en el termitero, hábitat y habitantes están en continuidad, definir al primero es definir a los segundos” 

Acuña el término “terrestres” por oposición a los

“humanos a la antigua, es decir humanos modernos”.

¿Pos-moderno? Pues sí, aquí su poética reformulación de la manida fórmula “fin del gran relato”:

“Es cierto que he perdido mi preciosa voz estentórea, la que disertaba desde lo alto a diestro y siniestro para todo el género humano; mi elocución podría sonar como un inquietante gruñido de tripas, es lo malo de este devenir animal.”

Sustituye el concepto de individuo, por el de “holobionte” (formas de vida creadas por la asociación de diferentes especies):

«¿Qué es el cuerpo humano si el número de microbios necesarios para su mantenimiento supera en varios órdenes de magnitud el número de sus células?» 

«Me gustaría usar la expresión “cuerpo vivido”, para señalar la multitud de seres vivos que se juntan provisionalmente de forma lo bastante duradera para que yo pueda prolongar durante un tiempo mi existencia. Lo intrigante de la experiencia del cáncer es que obliga a interesarse por la independencia de algunos de estos seres. El cuerpo de los seres vivos y, por lo tanto de los mortales, designa ahora la materialidad misma de lo que soy. Tanto de mi interior como de mi exterior. Si el oxígeno que respiro proviene de las bacterias, los pulmones que los respiran proceden de esos larguísimos linajes que lo supieron aprovechar como una oportunidad. Y yo tengo la oportunidad de surfear durante algún tiempo esta ola inmensa que llamo “mi cuerpo”.»

«Si un kilo de carne no tiene sentido, tampoco lo tiene un cuerpo entero.»

Y el de planeta

“Tierra no es global”

por el de “biofilm”:

“Los terrestres no tardarían en topar con sus límites si subieran más de dos o tres kilómetros (la distancia exacta está en discusión) o descendieran dos o tres kilómetros (medida aún más imprecisa) donde ninguna raíz, ninguna corriente de agua, han  fracturado las “rocas madre” bonito nombre puesto por los geoquímicos, ni las ha degradado ningún microbio. Los terrestres pueden moverse, pero sólo hasta donde el biofilm, la marea entrante de seres vivos llamados Tierra o Gaia ha logrado crear para los siguientes unas condiciones de habitabilidad algo duraderas. Ni un metro más allá de este estrán.”

Tierra como nombre propio, resultado de un delicado equilibrio:  

“Según el mito canónico de la historia antigua de la Tierra, las cianobacterias empezaron a contaminar la atmósfera hace dos mil quinientos millones de años con la emisión de un oxígeno altamente tóxico para sus predecesores, los llamados anaerobios que, por este motivo, tuvieron que refugiarse en las profundidades para subsistir. Incluso los autótrofos (seres que se proveen a sí mismos de todo lo que necesitan para subsistir) influyen de modo decisivo en los demás. Enmanuel Coccia suele definir a los animales – humanos incluidos- como aquellos que respiran las deyecciones de las plantas. Tierra está tejida con estas concatenaciones.”

“Algunos evolucionistas señalaron que si los seres vivos calculasen perfectamente nunca habrían logrado sobrevivir. Esto no significa que haya que pasar de la competencia a la cooperación, sino que los errores de cálculo son los que acaban creando, por azar y sin que intervenga ninguna providencia, unas condiciones de habitabilidad, que otros seres han aprovechado a continuación.”

De forma que: 

“Se entiende mejor la naturaleza de la naturaleza, que de entrada no es “verde”, no es “orgánica»: está formada sobretodo por artificios y artificieros, siempre que dispongan del tiempo suficiente.” 

Latour es progresista, pero de un modo reaccionario:

«Cuando discuten con los terrestres, los progresistas a la antigua siempre les lanzan la risible acusación de querer “volver a alumbrarse con velas”. Y es verdad, en efecto, que si los modernos han quemado sus naves, en las cajas destruidas por el incendio, solo queden unas pocas velas. No es que nos hayamos vuelto arcaicos, es que nos hemos desacostumbrado a recurrir a la modernización como algo inevitable.”

«¿Qué se le va a hacer? Ir siempre hacia adelante era lo que nos encerraba, y aprender a retroceder es lo que nos desconfina.» 

Entiende la angustia de ambos extremos del espectro político: desde el movimiento juvenil Extintion Rebellion:

“duda angustiosa sobre la sucesión de generaciones” 

al:

“pánico ante el retorno de lo femenino, de modo que las teorías de género se consideran una agresión insoportable a la familia, lo que obliga a reanudar de una forma cada vez más estridente la lucha contra el aborto y las otras sexualidades.”   O el miedo al “gran remplazo” que obsesiona a la extrema derecha ¿acaso no es el mismo miedo? Todas las familias políticas tienen problemas de familia.”

Y no es, en absoluto, maniqueo: 

“Es una guerra a muerte que, sin embrago, me siento incapaz de organizar en dos bandos, porque para unirnos bajo una bandera, habría que creer en las identidades, cuando son precisamente los límites de toda noción de identidad lo que revela la crisis actual. Los enemigos están por todas partes y, sobretodo, en nosotros.»   

Al cabo, para desconsuelo de adictos a la filosofía de la ciencia (ese retruécano) y negacionistas o retardistas impenitentes, el meollo está en la tan manoseada como esencial cuestión del cambio climático. ¿Que no hay para tanto? Si no bastan las razones de Rafael Carazo y el IPCC, escuchemos a Carl Sagan hace más de 30 años (pueden saltarse los 7 primeros minutos): 

Responder a ¿dónde estamos? es, al mismo tiempo, preguntarnos ¿quiénes somos? y ¿adónde vamos? A Marte no, desde luego. Puede que Elon Musk sí, o Meryl Streep, o Matt Damon, pero los terrestres, Ud y yo, y hasta Nacho Vegas, seguro que no. Se acabarán mucho antes los pases VIP.

“Y esto no significa lloriquear por colocar por encima de la economía otras preocupaciones más elevadas, humanas, morales o sociales, sino dejar bien claro que ha llegado la hora de bajar más, de ser más realistas, más pragmáticos, más materialistas.” 

Lo que no convierte, aún provisional, repleta de azares y malas noticias, en menos milagrosa esta vida, en concreto. 

El antónimo de cuerpo no es ni “alma”, ni “espíritu”, ni “conciencia”, ni “pensamiento”, sino muerte, como el antónimo de Gaia es Marte, el planeta inerte.”

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