No vuelvas a los lugares en los que fuiste feliz (III): Historia de amor* en tres actos (y un epílogo)

(*Literario)

Por McLovin.

“Un hombre que ve el mundo a los 50 igual que a los 20 ha perdido 30 años de vida.”  (Muhammad Ali)

Primer acto

Desamor en los tiempos pre-Tinder

“Aprovecha ahora que eres joven para sufrir todo lo que puedas, que estas cosas no duran toda la vida.”

El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

las-venas-abiertas-de-america-latinaLeí Las venas abiertas de Latinoamérica hace ya 20 años. Había oído hablar de esa biblia de la izquierda posmoderna latinoamericana (y española) y los comentarios me habían generado una enorme curiosidad. En su opera prima literaria, Eduardo Galeano, con trazas de francotirador, apuntaba al corazón de la génesis del poder omnímodo y desquiciado en el subcontinente americano. El cronista de los sin voz y los desamparados, como se ha llamado al escritor y periodista uruguayo, hablaba en un ensayo con alma literaria a tumba abierta sobre ese otro holocausto, lento y silencioso pero letal, que surge en el origen mismo de América Latina, víctima de la rapiña y el saqueo, desde la Conquista a las multinacionales yanquis. Y predicaba esta tesis nada menos que en 1970, en plena escalada de los milicos en casi todo el subcontinente. Con dos cojones. Mi expectación era máxima. Y sin embargo fue una de mis primeras grandes desilusiones literarias. Como una cita de Tinder: cualquier parecido entre la foto (mental, en este caso; supuestamente “real” en la app) y la realidad fue pura coincidencia. Me pareció un coñazo. Me pasé medio libro esperando a que en la página siguiente llegara ese dato preciso, ese arcano que me iba a desvelar la desventura de todo un continente. Y nunca llegó. Para colmo de males, en la misma época acababa de leer Auge y caída de las grandes potencias, de Paul Kennedy, un historiador que hacía un repaso al pasado para entender el presente y el futuro. Una obra estupenda, se comparta las tesis del autor o no, pero que con una enciclopédica y rigurosa batería de datos, estadísticas y por supuesto historia hacía un completísimo repaso de todos los acontecimientos de los últimos quinientos años que han llevado a la Humanidad a su presente. Una apelaba a la emoción y otra a la razón. Todas las comparaciones son odiosas, pero ésta en ese momento en particular, me pareció brutal. Una auténtica desilusión. Como si de un fiasco de Tinder se tratara, no volví a intentarlo en mucho tiempo…

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Fontanarrosa

Segundo acto

“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”

Eduardo Galeano

(DIEZ AÑOS DESPUÉS)

En una felicitación navideña de alguien muy querido había manuscrita una dedicatoria con un extracto de un poema de Galeano que me enamoró al instante. Entrecomillo poema por esa capacidad innata que tiene este autor de subvertir géneros, de esquivar etiquetas y categorías, de violar las fronteras entre relato, poesía, informe, crónica, cuento o historia. Una de sus grandes virtudes. Fue un flechazo y desde entonces es, junto a un poema de otro grande, uno de mis favoritos. Pertenece a El Libro de los abrazos, una recopilación de historias y relatos, en la mejor tradición del gran cuentacuentos que es Eduardo Galeano. El buen sabor de boca que me dejó esta lectura me hizo olvidar mi primera desilusión. Un libro preciosista, donde recopila pequeñas joyas y donde, como en otros textos de Galeano, es tan importante el contenido como el continente: la maquetación de los textos, las ilustraciones del autor, todo redondea una obra perfecta, de muy fácil lectura y enorme poso. Obra genial tanto por su originalidad como por su capacidad expresiva, impacta más si cabe por la sencillez de su prosa, manteniendo su comprometida militancia por los desamparados en una recopilación perfecta de celebraciones, profecías, crónicas, sueños, memorias y desmemorias. Me quedo con dos reseñas recopiladas al azar porque creo que no lo puedo expresar mejor:

Los grandes escritores caminan en la cuerda del equilibrista y arriesgan el cuello con cada palabra. En ‘Memoria del fuego’, Galeano fue un acróbata triunfante. En ‘El libro de los abrazos’, se desprende de la cuerda y levita”. Alan Ryan, The Washington Post.

“Lea una historia por día y será usted feliz la mitad del año. Lea una historia por día y será usted triste la otra mitad. Cada página es tan hermosa como el libro”. Koos Hageraats, HP/de Tijd, Holanda.

Tercer acto

“No es el compromiso el que me lleva a las palabras, sino que las palabras me llevan al compromiso.”

Albert Camus

Acaba de publicarse la obra póstuma del autor uruguayo, El cazador de Historias, que devoro con entusiasmo. Se trata de un puñado de relatos que reflejan la idiosincrasia del autor y sus preocupaciones vitales. Temas como la vida, la muerte, la identidad, la civilización, las desigualdades… Particularmente interesante me parece el añadido de una veintena de historias sueltas, que iban a ser el germen de un futuro libro truncado por su muerte y el “poema” (nuevamente las comillas….) Quise, quiero, quisiera que cierra el volumen y que recoge su ideario más personal.

Y para acabar, una serendipia (celebro que la RAE haya aceptado finalmente el término) muy propia de este blog. En su obra póstuma Galeano relata que, cuando fue publicada en 1970, Las venas abiertas de América Latina fue inmediatamente prohibida por todas las dictaduras del subcontinente excepto por la de su país natal, Uruguay. La razón, increíble pero cierta: los censores uruguayos pensaron que se trataba de un tratado de anatomía “y los libros de medicina no estaban prohibidos; poco duró el error”. Volveré, sin duda, sobre esta cuestión en un futuro post.

Como me sé socrático, tras finalizar este último libro, me adentro ahora un poco más como con una cerilla en la platónica caverna y me zambullo en la lectura de su obra más autobiográfica (si cabe), Memoria del fuego. Acompañadme en la aventura. Seguro que merece la pena.

Epílogo

“El problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas.”

Bertrand Russell

En la primavera de 2014, un año antes de morir, Galeano soltaba la bomba: Confesaba que cuando escribió su bestseller (Las venas…) no tenía la formación suficiente para hacerlo. Es más, la obra hoy le parecía un coñazo: “No sería capaz de leerla de nuevo. Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado en el hospital”. Sólo los grandes pueden permitirse esta cura de humildad.

Lo que probablemente sea una decepción para su legión de admiradores, para mí supone una señal inequívoca de grandeza y una terrenal demostración de que, frente al engagement sin fisuras sartreano, este autor se inscribe en la mejor tradición de la rebeldía y honradez de Albert Camus. Al igual que el autor de L’Étranger, su irreverente izquierdismo libertario, su revisionismo perpetuo, hizo que resultara incomodísimo incluso para los suyos y ahí reside, precisamente, la grandeza de su ser como escritor y como persona. Algo que es de agradecer en estos tiempos de dogmatismos descerebrados (o de postureo, peor si cabe) y transformismos políticos descafeinantes. Porque, como advertía Galeano con cierta sorna, el poder es como un violín: se toma con la izquierda y se toca con la derecha. Para él, un pensador comprometido debe ayudar a los sin voz a abrir los ojos. No como poseedor de la verdad absoluta sino como guía para cuestionártelo todo, incluso lo que él mismo te dice.

Visto ahora con perspectiva, con la experiencia que dan los años (sino los 50 que decía Ali, entrados ya los cuarenta) ahí reside el valor de Las venas…. Y SÍ, pese al primer acto de este post, pese a las declaraciones del autor, recomiendo encarecidamente la lectura de su opera prima. En primer lugar, porque supone una lectura profundamente desmitificadora, desacralizadora si se quiere, y hace humano al escritor, pero también siembra la semilla de la duda cartesiana incluso sobre lo que él mismo escribe. Y ahí reside a mi juicio el valor del poso que dejó en mí. Sin dogmatismos. Es una lectura absolutamente freudiana, como matar al padre en términos literarios. En segundo lugar, porque veinte años después y pese a sus innegables fallos, sigue dando voz a los nadie, aún legión pese al paso del tiempo. Cerrad el círculo. Leedlo y cuestionadlo, como hace un enorme Galeano. Respect!

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